Viaje a una cárcel secreta de la Stasi en la República Democrática de Alemania

Un viaje entre bambalinas a una de formidable prisión secreta de la Stasi en la antigua República Democrática Alemana.

Cuando se derribó el muro de Berlín muchos edificios del gobierno de Alemania Oriental fueron saqueados y otros demolidos, sin embargo los enfurecidos manifestantes no irrumpieron en Hohenshonhausen, Prisión Central de la Seguridad del Estado de la República Democrática Alemana. Fue una de las armas más poderosas de la Stasi destinada a la persecución política, pero los recién liberados berlineses del Este no tomaron la cárcel por el simple hecho de que no sabían que existía. Situada en una tranquila zona residencial del este de Berlín, la prisión política secreta no figuraba en ningún mapa de la ciudad. Estaba rodeada de una base militar, por lo que incluso los propios vecinos no sabían lo que sucedía dentro de sus 200 celdas y salas de interrogatorio.

Hoy en día es un monumento permanente en el que los guías son los propios ex-reclusos. El guía que aparece en las fotografías era un estudiante de medicina que fue arrestado por protestar durante la Primavera de Praga en 1968. Se estima que uno de cada 10 alemanes orientales trabajó como informante de la Stasi, y el guía fue detenido una noche mientras repartía folletos en la calle. Fue llevado a una comisaría de policía y luego transportado en una camioneta camuflada y sin ventanas, como si fuera un transporte de frutas y verduras. Estuvieron dando vueltas por la ciudad durante más de dos horas, hasta que llegaron a un garaje subterráneo, situado en el sótano de la prisión. Cuando fue liberado 6 años más tarde, se dio cuenta de que la comisaría de policía en la que estuvo al ser detenido estaba a solo cinco minutos de la prisión secreta.

Aquí es donde los presos podían ver la luz del día.

Los principales métodos de interrogatorio de la Stasi era más psicológicos que físicos. La privación del sueño y el aislamiento completo eran los métodos habituales. Los presos tenían prohibido hablar entre ellos. El único ser humano con el que se podía comunicar un preso era con el interrogador. Los presos esperaban con ansia el interrogatorio, simplemente para poder comunicarse con otro ser humano. Así es como se llegaron a conseguir confesiones prefabricadas de delitos de todo tipo.