Viaje al infierno budista en Tailandia

Nuestro viaje nos conduce a Wang Saen Suk, a 90 minutos de Bangkok en dirección a Pattaya, un jardín lleno de estatuas que representan lo que se supone que es el terrible infierno budista.

Nos llama la atención ver varias familias en el jardín junto a estatuas que representan horripilantes escenas.

Después de pasar un cartel en el que leemos «Bienvenido al infierno» encontramos la representación de lo que le espera a los pecadores.

Calderos de agua hirviendo con pecadores dentro, los perros del infierno mordiendo los testículos a otros pecadores, y otros atravesados por lanzas. Todo muy agradable. «Si sigues al diablo en esta vida, pospones decisiones que te ayudarán a derrotarlo en la próxima vida», se lee en un cartel. «Dona un poco cada día y tendrás una vida feliz». Reza otro.

Según el «Traibhumi Phra Ruang», cuando un budista muere se presenta ante cuatro seres celestiales que verifican el historial del muerto, sus buenas y malas acciones. Si sus buenas acciones superan las malas, va al cielo, si sus malas acciones superan a los buenas, será castigado.

El castigo en el infierno budista varía dependiendo de los pecados cometidos, pero todos los castigos son en forma de tortura, y muchas de ellas están representadas en este jardín. El infierno tiene 136 pozos, pero los individuos son capaces de renacer dentro de cada uno. El pozo Loganta es un pozo especial, reservado a aquellos que han hecho daño físicamente a sus padres o monjes budistas, es el único pozo frío y los enviados allí se dice que permanecerán en él hasta que nazca un nuevo Buda.

Este infierno no se si existirá o no, pero se le quitan a uno las ganas de pecar por una temporada.