Las catacumbas del convento de San Francisco de Lima

Debajo de la iglesia de San Francisco de Lima, Perú, hay un osario donde están depositados los huesos de, se estima, unas 70,000 personas, algunos de ellos dispuestos de forma decorativa.

Olvidadas durante muchos años, las catacumbas fueron redescubiertas en 1943 y se cree que pueden estar conectadas a través de pasadizos subterráneos con la catedral y otras iglesias locales. Es algo espeluznante y a la vez hermoso, a través de unas pequeñas rejillas repartidas a lo largo del piso superior de la iglesia, se puede mirar hacia abajo y ver los restos óseos iluminados, algunos de los cuales están ordenados de forma artística.

Durante todo el recorrido de las catacumbas se repite mucho la vista de cráneos, fémures, tibias y peronés, ya que son las partes más resistentes del cuerpo humano. Existen también pozos u osarios que tienen la finalidad de absorber las ondas sísmicas y cuya profundidad es de diez metros.

La construcción de las catacumbas franciscanas se desarrolla de acuerdo a la transformación de la iglesia. Así, antes del hundimiento del 4 de febrero de 1656, las bóvedas sepulcrales eran independientes e incomunicadas entre sí como en las demás iglesias limeñas, se hallaban bajo las naves laterales, cerradas y de propiedad de patrones y cofradías.

Con la construcción de la nueva iglesia entre 1657-1672, se abrieron los cimientos de los pilares, se excavaron todo el sector central del crucero y de la nave central. Allí se fabricaron las nuevas sepulturas en recintos sobre los pilares, y dos largos corredores paralelos bajo la nave central, así mismo, comunicaron estos espacios con las antiguas bóvedas sepulcrales independientes de las capillas mediante la rotura de los muros y pasadizos. De esta manera, quedó conformado totalmente lleno el laberinto unificado de las catacumbas de San Francisco.

Además de las catacumbas, también son dignos de visitar en la iglesia de San Francisco de Lima el vestíbulo y el claustro principal.

El vestíbulo es una amplia sala de techo de madera labrada, con zócalos de azulejos sevillanos. Aquí se encuentran cuatro pinturas de artistas famosos, que representan a santos católicos; en la parte central, la atracción principal es un templete de estilo rococó del siglo XVIII, trabajado en madera y decorado en pan de oro. El templete se usaba antiguamente para la fiesta del Corpus Christi, en él, se colocaba una custodia de la escuela cusqueña; ahora se encuentra la imagen de Cristo Salvador, en estilo barroco, del siglo XVIII, que pertenece a la sacristía del templo.

El claustro principal es un hermoso patio cuadrilátero, rodeado de galerías en forma de arcos de medio punto, once por lado, todas ellas sostenidas por pilastras. Las paredes están decoradas con azulejos sevillanos en el zócalo, que datan de 1620, siendo el tema de las decoraciones los santos franciscanos.

En su próximo viaje a Perú, si pasa por Lima recuerde que el convento de San Francisco, además de otras maravillas, nos ofrece sus sorprendentes catacumbas.