Lacus Curtius: un misterio en nuestro viaje a Roma

Nuestro viaje a Roma nos lleva a conocer un lugar misterioso que historiadores romanos como Tito Livio o Varrón ya mencionaron en sus escritos y que muchos siglos después sigue sin tener una explicación clara. Desde que era una entrada al infierno hasta que era una sima infinita.

Cuando pensamos que una ciudad tan turística y visitada como Roma no nos puede ofrecer nada nuevo, encontramos en nuestro viaje un misterioso lugar. El Lacus Curtius o Lago Curcio.

Recreación del Lacus Curtius en el Foro Romano.

En la actualidad el Lacus Curtios no son más que unas losas circulares situadas en en centro del Foro Romano.

Los detalles sobre el Lacus Curtius – su origen y significado – se han perdido en la noche de los tiempos. Incluso en la época republicana tardía de Roma, estos detalles ya eran algo turbios. Sin embargo, el nombre parece sugerir una conexión con la noble familia noble romana de origen sabino conocida como los «Gens Curtia».

Una de las historias más conocidas asociadas con el sitio fue contada por el historiador Tito Livio. Cuando un oráculo predijo la caída de Roma, se dijo que la ciudad sólo podría sobrevivir a costa de sacrificar aquello que más quería: «Quo plurimum Populus Romanus posset».

El hoyo se abrió por sí mismo, dejando ver una profunda entrada al inframundo, dispuesto a aceptar el sacrificio. Marcus Curtius reconoció que lo más querido de Roma eran sus jóvenes y valientes soldados, y sin pensarlo dos veces, vestido con armadura de combate, montó su caballo y saltó al pozo. Marcus Curtius murió, pero Roma se salvó.

Una historia alternativa, cortesía de Tito Livio, sostiene que un jinete Sabino conocido como Mecio Curtius cayó en el pozo durante la batalla que siguió a la violación de las Sabinas. Un relieve de piedra descubierto en 1553 al lado del templo de Cástor ilustra este particular mito.

Placa romana que recrea el mito del soldado que se arrojó al pozo.

Una tercera versión proviene del historiador romano Marco Terencio Varrón. Varrón escribió que el pozo se formó cuando un rayo cayó sobre el Foro en el siglo quinto, y que el nombre se toma de Cayo Curtius Filón, el cónsul que posteriormente consagró el sitio.

Las pruebas geológicas y otras fuentes históricas nos dicen que el Foro Romano era una salvaje zona pantanosa que fue drenada en el siglo séptimo. La mayor parte del área fue pavimentada, excepto una pequeña parte situada en el centro del Foro.

El verdadero origen del Lacus Curtius se ha perdido en las brumas del tiempo, y todo lo que queda son las losas de piedra que sellan el pozo: un lugar pasado por alto por la inmensa mayoría de los muchos miles de turistas que visitan Roma.