¿Qué hace un loro enterrado en un lujoso panteón del Bronx?

En Viajes Ocultos sentimos cierta predilección por los cementerios. Cuando hacemos un viaje nos gusta visitarlos. No siempre son tan tétricos como los pintan. En algunas ocasiones, además de albergar verdaderas obras de arte, nos deparan sorpresas como la que aquí os presento. El extraño caso del loro enterrado en un cementerio del Bronx.

El cementerio Woodlawn en el Bronx, Nueva York, tiene alrededor de 1.300 panteones privados, muchos de ellos muy adornados y diseñados por algunas de las empresas de arquitectura y por algunos de los artistas más grandes de los siglos XIX y XX. Entre todos estos mausoleos hay uno que llama la atención de manera especial, es el lugar de descanso del Dr. Dunlop, su mujer y su loro.

Desde hace muchos años el loro descansa en un ataúd de metal con una tapa de vidrio y del pobre animal tan sólo queda un pequeño esqueleto. Los Dunlop obviamente le tenían tanto cariño a su loro que idearon la forma de burlar las leyes que prohibían el enterramiento de mascotas en el cementerio e incluso adornaron el panteón con temas relativos a aves y mandaron colocar en el exterior esculturas de plumas. El loro, cuyo nombre tristemente se perdido en la historia, sobrevivió a su titular el Dr. Clark W. Dunlop, que desgraciadamente murió loco.

El Dr. Dunlop fue un médico que contó con éxito, la publicación de un libro de divulgación sobre enfermedades comunes y sus curas llamado Práctica de familia del Dr. Dunlop , a través del cual también se comercializaban los productos de su empresa de medicina de los Estados Unidos, como “Dr. Dunlop Rey del Dolor”, “alivio rápido Dr. Dunlop”, y “Dr. Dunlop Nervolene Bromo.” (Aquí puede ver un viejo anuncio de los medicamentos que comercializaba .)

Tanto éxito tuvo en sus negocios que incluso construyó un hermoso mausoleo en 1894, donde algún día sería enterrado, incluyendo un detallado mosaico sobre el piso, vidrieras y esculturas de mármol de él y de su esposa Eliza. Sin embargo, probablemente no pensaba que el hermoso monumento recibiría sus restos tan pronto.

En 1907 Dunlop fue diagnosticado como loco, como resultado de sufrir sífilis, y fue internado en un manicomio. Los tratamientos de las enfermedades mentales en el siglo XIX no eran precisamente lo más recomendable para curar la demencia, tal y como fue el caso del pobre doctor. Dunlop no tenía hijos, pero si 22 sobrinos que pronto se abalanzaron sobre la oportunidad de reclamar parte de la fortuna del pobre hombre internado y los pleitos judiciales estuvieron a la orden del día en la familia.

Finalmente, murió en 1908, mientras que su esposa Eliza vivió hasta 1932. Fue en 1921 cuando el loro se unió a su pobre amo loco en el gran mausoleo neoyorquino.